Este sábado inauguramos la temporada de barbacoas en mi jardín para celebrar mi cumpleaños y aprovechamos a felicitar a Bea, que también cumplía años.

El mayor miedo que tenía era que el tiempo no acompañara pero hizo una tremenda mañana soleada que sólo se nubló un par de veces y al final se mantuvo sin rastro de lluvia.

Por si acaso, me había acercado a Argos a comprar otra tienda de campaña, ya que tenía el año pasado terminó destrozada al llevársela el viento al jardín de los vecinos en un par de ocasiones.

De paso compré también unas bolsas de carbón, ya que las que venden en el SuperQuinn son un rollo de prender, y un kit de utensilios para poder cocinar a cierta distancia del fuego. Ahora sólo faltaba acercarme por el City Centre a recoger a Fredi, Bea que aún no se atreven a llevar a Irene en autobús con el carrito a cuestas. Me llamó mucho la atención como se pliega y entra por la pequeña boca del maletero del Megane Coupé.

El día antes no había tenido tiempo de comprar la carne así que tuve que irme otra vez mientras la gente iba llegando. Me llamó mucho la atención que después de enviar un correo con la dirección, un screenshot de cómo llegar desde la parada del autobús y la posición exacta para aquellos que tienen un GPS todo el mundo que no había venido antes me llamó preguntando dónde está mi casa.

Echamos de a Hernán, Iñaki y Jose del año pasado que ya no están en Irlanda. De los que aún quedamos, Edu no pudo venir con lo que Fredi se encargó de las fotos esta vez hasta que llegó Dávide para echar una mano. Miguev aportó su lado más friki con explicaciones de flashes y carretes en blanco y negro como yo estaba algo liado no pude sacar ninguna foto.

La gente se fue desmarcando y quedamos Elena, Dávide, Baco (que a pesar de haber salido el día anterior como una bestia hizo acto de presencia) y yo, que cogí el coche para ir a recoger a Kuba del aeropuerto. Mi antiguo compañero de piso había pasado la semana en Austria de vacaciones pero se había acordado de mi cumpleaños y me trajo un pequeño busto de Mozart como presente.

Al final cuando hoy me he levantado he visto que el viento había vuelto a llevarse la tienda al jardín del vecino con lo que en lugar de utilizar los pequeños clavos que vienen para sujetarla he usado los hierros de la vieja para sujetarla firmemente al suelo.

Esta vez no se la llevará ni un huracán.