Hoy me he levantado pronto para arreglar unas cosas del trabajo y el día estaba fatal. Aunque es verano y ya han pasado varias horas, sigue lloviendo y no tiene pinta de que la cosa vaya a cambiar… sin embargo hoy no me sienta mal, ni mucho menos. Hoy la lluvia me reconforta.

Me estoy acordando de mi primer año en Irlanda, en Harmonstown, cuando compartía casa con Hernán… las interminables partidas a SWG y la casa fría. Recuerdo que esa primavera no paró de llover y que luego tuvimos un verano espléndido, pero vaya si llovió.

Echo mucho de menos a Hernán, y al señor Bolaños. Comer en aquella cocina de 2 por 2 y hacer un café caliente o unos noodles con sopa para tomar en medio de tanto frío. Incluso cuando dejamos de vivir juntos me gustaba ir a aquella casa los fines de semana para hacer una visita.

Yo de aquellas fumaba y estaba sin un duro, porque no tenía trabajo aún, sólo un montón de gastos y una habitación que pagar; así que me compraba los paquetes de uno en uno y me jodía salir a la calle con el tiempo que hacía.

Luego fue cuando Fredi y Bea vinieron a Irlanda y me trajeron 3 cartones de tabaco… casi se me saltan las lágrimas: podría encerrarme en mi habitación y fumar como un animal sin preocuparme de fuera lloviera o no. Todavía les debo esos cartones… qué vergüenza, con la de tiempo que ha pasado.

Pero un buen día dejó de llover y salió el sol… entonces se hizo verano y yo tuve trabajo y todo empezó a sonreirme. Es por eso que no voy a preocuparme más, porque los días de lluvia no están tan mal si te paras a pensarlo, al menos yo guardo buenos recuerdos de muchos días así. Sólo hay que saber esbozar una sonrisa…

Al final, siempre sale el sol.


Foto original tomada por Bea y Fredi