El otro día fui a tomar un café a casa de unos amigos y, mientras sus hijas pequeñas terminaban de cenar, me puse a charlar sobre una película que había visto esa misma tarde (The Invisible) donde un muchacho es dado por muerto y tiene que conseguir que sus agresores confiesen a la policía dónde han arrojado su cuerpo.
El argumento, que a mí no me había llamado demasiado la atención, parece que sí superó las tasas de violencia que la madre de las criaturas podía soportar, la cual me instó a continuar la conversación en otro sitio o bien cambiar a un tema más adecuado para las niñas.
Como ya era tarde y no había cenado aún seguí su consejo y me marché con mi música a otra parte, y mientras lo hacía me acordé que esa misma persona me había dado una copia del cuento original de La Sirenita (de H. Christian Andersen) porque “acababa mal” y sus hijas tal vez fueran demasiado pequeñas para ese tipo de finales.
En la película de Disney (que casi todos conocerán) el final se cambió por uno más feliz -por aquello de que estaba dirigida para niños- lo cual me hizo preguntarme ¿qué otros cuentos han sido modificados en pro de tan noble causa? Una de las adaptaciones infantiles más famosas puede que sea la versión de los Hermanos Grimm de Caperucita roja, en la que al final un cazador salva a caperucita del lobo feroz e incluso rescata a la abuelita (viva) del estómago de este.
Osea que, volviendo al argumento de la película, hablar de un muchacho al que dan por muerto después de una paliza está mal, pero que un lobo se coma a tu abuelita es aceptable ¿porque luego un cazador lo destripa para salvarla? En fin…
El problema de todo esto (dejando de una vez por todas el tema de la película a un lado) es que el cuento original de Caperucita roja, escrito en 1697 por Perrault, tenía una moraleja diferente que irremediablemente se ha visto alterada al cambiar el final. En él, ella era engañada como todos sabemos, pero al llegar a la casa de su abuelita no había ningún cazador que la salvara y el lobo se la comía… y punto.
Por supuesto, podéis discrepar conmigo en que la moraleja original de desconfiar de los extraños también está presente en la adaptación actual, pero tenemos que aceptar que la figura protectora del cazador hace que alguno pueda pensar “bah, ya vendrán a salvarme si la cosa se pone mala“. Esta actitud conformista y despreocupada que la sociedad adopta queda mucho más patente en la adaptación de otro famoso cuento del mismo autor: Los tres cerditos.
En la versión original, el lobo se comía los cerditos que no habían puesto cuidado a la hora de construir sus casas, pero no podía entrar en la que estaba bien cimentada y se marchaba. Fin.
Supongo que a alguien le preocupó qué podían pensar los niños de una pobre familia de cerditos que se ve destruida por un malvado lobo… así que los Looney toons modificaron la historia para mayor gozo de los padres y el lobo no sólo NO se come a los cerditos descuidados, si no que se refugian en la casa de su hermano y matan al lobo mientras cantan aquello de Quien teme al lobo feroz???
La moraleja que Perrault quería transmitir a los niños es que deben edificar sus vidas de una forma sólida, basándose en fundamentos firmes que les protejan… pero en lugar de eso, los Looney toons desvirtúan el mensaje diciéndonos que no pasa nada si sigues ideas que están equivocadas, porque aunque tu vida se desmorone siempre habrá alguien que sepa cómo hacer las cosas bien que nos dará refugio y nos salvará.
Tal vez algunos piensen que esto no son más que cuentos y que carecen de importancia a la hora de la verdad, pero quizás otros encuentren una alarmante relación entre este tipo de moralejas desvirtuadas con el comportamiento de la sociedad actual ante los problemas que nos atañen.
Todo ello en pro de una infancia dudosamente más alegre y cuentos con un final feliz.

2 comentarios
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14 julio, 2011 a 4:12 pm
Pablo
Yo creo que en la última década se “sobreprotege” a los niños demasiado y creo que a según que edades no profundizan mas allá de la acción o acciones que se realizan en determinados cuentos.
Yo me crié con la versión del cuento de caperucita en el que el cazador, mientras el lobo dormía, le rajaba la barriga sacaba a la abuela, le llenaban la barriga de piedras y se la cosían y el lobo al despertarse tenía mucha sed, se acercaba al río a beber agua y del peso se caía y se ahogaba.
Yo, creo que no tengo ningún trauma infantil por el cuento, más que nada porque no creo que profundizase mas allá de la acción que se realizaba, simplemente al lobo le rajan la barriga y no me pregunto si sangra, si puede morirse desangrado, si al coserle se le pueden infectar los puntos o si las piedras pueden dañar algún órgano vital.
Entonces, partiendo de esta premisa, creo que no es necesario sobreproteger tanto a los niños en el tema de cuentos infantiles. Otra cosa es que le dejes ver la peli del exorcista….
18 julio, 2011 a 2:19 pm
ANA CARRILLO
Me encanta, Rafa. Y ademas, estoy totalmente de acuerdo.