He tenido que llear a Andorra para escuchar una puta radio en castellano.

Yo, minoría absoluta

Aeropuerto de ReusEl aeropuerto de Reus no es mucho más grande que una estación de autobuses, pero prefiero eso a Barajas. El policía me deja pasar sin mirarme el pasaporte si quiera; estoy, sin lugar a dudas, otra vez en España y una vez dentro llamo a Pastor para investigar cómo llego a Andorra.

Las malas noticias son que el único autobús sale a las 7 de la mañana así que me toca alquilar un coche. Avis 200 euros por un día, Hertz 220 por tres, al final pregunto en una compañía regional, Sol-Mar, y me sale por 120 y puedo devolverlo en Gerona.

Ya tengo coche: un Seat Ibiza 1.9TDI color rojo. Corre como el demonio y se mueve como una bailarina.

Ahora sólo me queda llegar a Andorra…

De camino tengo dos opciones: Peaje o Carreteras de aventura… Pastor todavía está currando así que no tengo prisa y me voy a lo barato. Después de una hora en camino descubro que Irlanda no está tan mal como pensamos y además tienen mejores arcenes, por un par de veces tengo miedo de acabar en la cuneta.

Salgo la primera rotonda dirección a Mont-Blanc, y luego eventualmente encuentro señales que me dirigen hacia Andorra por Pons. El paisaje me recuerda a las hoces de Nocedo, me doy cuenta que ya queda menos.

Después de 2 horas y media llego a Andorra, aduana y comienza la fiesta: caos de vehículos en todos los sentidos y otra vez un carril sólo para buses que no usa nadie… tontos hay en todos los lados, no solo en Dublín.

Una vez en Andorra la Vella me pierdo 3 veces, pregunto y todo el mundo es amable conmigo pero yo sigo sin encontrar Pyreness, donde Pastor me espera para irnos a tomar las primeras cañas. Cuando al final lo consigo sufro un ataque de claustrofobia… todo me empieza a recordar a esas pesadillas donde el techo es muy bajo y cada vez se te va viniendo más encima…

Unas cervezas lo curan todo… Pastor me presenta a sus compañeros y vamos a cenar. En el restaurante pruebo un plato que me recuerda al caldo galego, riquísimo, oye, y de postre orujo de hierbas! qué maravilla.

Con la barriga bien llena nos vamos de fiesta Pastor, su jefe del curro, una compañera y yo. El local elegido parece más una tasca de las fiestas de mi pueblo que una discoteca.

No-sé-cuántas cervezas más tarde me siento hipnotizado por los ojos verdes de su compañera de trabajo… llevamos hablando de aventuras y viajes toda la noche y yo les recuerdo que están invitados a venir a verme a Dublín, pero en ese punto de la conversación alguien la sujeta de la cintura y yo decido dejar el agua correr.

De lo que gané y lo que perdí aquella noche no estoy muy seguro, pero tampoco vine a Andorra para discutir por una mujer.

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