En Irlanda tiene la mala costumbre de no nevar por navidad y esperarse dos o tres meses para regalarnos ese panorama blanco que tanto echo de menos de León.

Atrás quedó el subir a San Isidro en el puente de La Constitución, sujetar del brazo a tu novia para que no resbale por las calles nevadas en nochebuena o correrte una buena guerra de bolas de nieve con los amigos a la vuelta de las vacaciones en la puerta del colegio.

Estas cosas, que hacía de pequeño ya no son así tampoco con el cambio climático y aunque en mi ciudad sigue nevando ya no lo hace como antaño.

De todas formas estoy contento porque hoy me he despertado y estaba todo teñido de blanco.