Mi compañero de piso, Kuba, se ha marchado a vivir a Bray, mucho más cerca de su trabajo.

Como el alemán nunca está en casa ahora estoy completamente solo y eso me produce una extraña inquietud, los que me conocéis más sabréis que no soporto esa sensación.

Su habitación la ocupará Marcus, un amigo suyo que muchas veces pasaba por aquí algun fin de semana que otro y que es algo más ordenado y cuidadoso con el que solía bromear preguntándole si realmente eran de la misma ciudad.

Termina así un año de convivencia en el que he trabado gran amistad con él, le voy a echar de menos aunque siempre estuviera quejándome de lo cerdo que era el pobre.