Sostiene Pereira, y es parte importante de su alegato, que estaba solo y que rara vez alguien lo acompañaba al café. Vivía soberanamente solo desde la muerte de su esposa a la que solía hablarle de las pocas cosas importantes que le ocurrían durante días y semanas solitarias, encorvado sobre su maquina de escribir, aferrado al Larousse.

Leía hoy en un foro de Spaniards que a un fulano se le murió un familiar y tuvo que volar de vuelta a España para asistir a la ceremonia y el hombre ha quedado tan traumatizado por la experiencia que ha decidido preguntarnos si estamos preparados para hacer un viaje en caso de emergencia.

No creo que ninguno de nosotros viva atado a su lugar de trabajo por singulares circunstancias que le impidan ausentarse varios días para estar junto a sus familiares en tan desagradable reunión. Todo puede ser… no digo yo que no, aunque yo creo que más interesante sería saber lo contrario.

La pregunta debería de ser: ¿Están ellos preparados para venir si la fatídica hora nos llegase a nosotros? Yo, de lo malo, vivo en un país de habla inglesa y no creo que a mi familia le resultase muy difícil lidiar con las diferencias culturales si llegase la hora pero no quiero ni imaginar el choque que podría ser vivir y morir en China o Japón, lugares que me resultan harto lejanos y diferentes.

¿Y dónde me enterrarían? Vaya… después de todo va a resultar que el viaje más importante de mi vida no lo tengo nada bien planeado.