Hoy por la mañana me he levantado y he descubierto que el viento se había llevado la tienda… OTRA VEZ!

Después de haberla sujetado al suelo con dos hierros de treinta centímetros, dos cuerdas atadas a la valla y los clavos en las patas, los vientos huracanados del fin de semana han podido más.

Pero la historia no termina ahí…

Cuando me dispuse a mirar en el jardín del vecino descubrí que no estaba ahí… ¿¡WTF!? asomé la cabeza por el jardín de mi otro vecino y nada… en ese momento me preocupó que pudiera haber volado hacia el aparcamiento y dañar algún vehículo pero tampoco encontré ni rastro…

Preocupado me monté en mi coche para venir a trabajar y cuál fue mi sorpresa cuando al llegar a la rotonda me encontré con un amasijo de hierros blancos y la lona tirados en medio.

Está visto que al tiempo le gusta tocarme los cojones…