Resulta que el otro día en Microsiervos citaron la frase que reza bajo el título de esta humilde bitácora y, como era de esperar, las visitas se dispararon.

Lo curioso de esto es que aparentemente nada había cambiado; los que tenían algo que contarme lo dijeron como siempre hacen y los que me leen sin decir nada siguieron en silencio.

A mí una de las cosas que más me gusta de tener un blog es ver quién me visita. No me refiero al número de clicks o al grueso de los números… me refiero a las personas que hay detrás y sus intereses.

Todos los fines de semana me pongo a revisar qué entradas han recibido más visitas y tratar de imaginar por qué, mirar los comentarios y seguir el rastro intentando averiguar quiénes son y si nos conocemos de algo o no.

Por supuesto, los comentarios son la mejor parte de esto ya que te dan más pie a imaginar qué rondaba la cabeza en aquel momento. Algunos son claros y directos y otros son tan misteriosos como el lugar de donde proceden.

Así que, a pesar de mis 15 minutos de fama, las cosas siguen más o menos igual… miles de visitas son más o menos como todas esas caras que te cruzas a diario y que no conoces, como tantas miradas cruzadas sin un “Hola” para acompañar. Aunque hay que agradecer que, gracias a Alvy, las oportunidades han subido bastante.

Será cuestión de seguir cruzando miradas, de seguir cruzando palabras.