Fue entonces cuando una sensación me envolvió como una cálida manta: de algún modo entendí que tenía que sobrevivir como fuera, tenía que seguir respirando aún sin motivo para la esperanza… la lógica me decía que no volvería a ver este lugar de nuevo.

Y eso es lo que hice: sobreviví, seguí respirando y un día esa lógica resultó estar equivocada porque un día la marea trajo una vela con la que navegar y aquí estoy, de vuelta en Menphis, hablando contigo; tengo hielo en mi vaso y he vuelto a perderla otra vez.

Estoy muy triste por no tener a Kelly pero me alegro que estuviera conmigo en aquella isla y ahora sé lo que debo hacer, porque mañana volverá a amanecer y quién sabe lo que traerá la marea.

Chuck Noland, Náufrago

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