El otro día, después de discutir acerca de cuánto llueve en Irlanda, me asaltó la terrible duda de la manera peculiar que tienen por aquí de expresar que llueve a cántaros

Porque si tú le vacías a alguien un cántaro de agua en la cabeza, este es capaz de entender rápidamente por qué en España utilizamos esta expresión, pero si a uno le tiran un par de perros y gatos en la cabeza… pues no queda tan claro si ha llovido o granizado, o qué sé yo.

El caso es que llegué a un blog donde su autor se encontró con una posible respuesta en un libro de Desmond Morris donde menciona que:

Esta frase se hizo popular en Inglaterra hace varios siglos, en una época en que las calles de las ciudades eran estrechas, sucias y tenían muy mal drenaje. Por lo general, las fuertes tormentas producían inundaciones torrenciales que ahogaban a un buen número de gatos famélicos y a perros que hurgaban comida por las callejuelas.

Conozca a su gato, Desmond Morris

A mí esta explicación me parece un tanto imprecisa, ya que tanto en Inglaterra como en otros muchos lugares las calles han sido estrechas en la antigüedad, mal drenadas y con frecuentes inundaciones y no por eso los gatos y los perros se han ahogado bajo un buen chaparrón.

Así que buscando un poco llegué a la Wikipedia donde tienen un artículo que esclarece un poco más la situación o, al menos, nos da una explicación mucho más razonable…

Los vientos son capaces de recoger a los animales presentes en una superficie relativamente extensa, y dejarlos caer, en masa y de manera concentrada, sobre puntos localizados. Más específicamente, algunos tornados y trombas podrían secar completamente una charca, para dejar caer más lejos el agua y la fauna contenida en ésta, en forma de lluvia de animales.

Explicación científica de la lluvia de Animales, Wikipedia

Esto explica algunos fenómenos curiosos y podría darnos a entender que la famosa frase inglesa es una exageración de un hecho conocido como es el que lluevan sapos y ranas.

La otra explicación la encuentro unas lineas más abajo, en el mismo artículo, donde se hace mención de nuevo a los gatos y perros londinenses, pero esta vez la lluvia arrastra cuerpos ya muertos, lo cual se me antoja mucho más razonable.

Esta expresión inglesa, que significa literalmente “llueven perros y gatos“, y es equivalente a la española “llover a cántaros“, es quizás la referencia más conocida del fenómeno que encontramos en el lenguaje cotidiano. […] Sin embargo, el origen de la expresión es incierto. Una especulación […] dice que en la Edad Media, las fuertes lluvias limpiaban los tejados de cadáveres de perros y gatos, haciéndolos caer en las calle.

La lluvia de animales en la cultura, Wikipedia

Al final he descubierto por qué pueden llover animales pequeños del cielo, aunque un gato o un perro, por muy flacos que estén, me resulta muy difícil que puedan ser arrastrados por el viento… aunque si de un tornado se trata siempre puedo “aceptar barco” pero me resulta mucho más razonable la explicación de que caigan de los tejados… aunque mira que ya tenía que pasarse hambre en la pérfida.

No sé, a ver si algunos de nuestros vecinos blogeros nos cuentan sus teorías…