¿Estamos todos?
Estamos.
¿Cual caballeros?
Cumplimos.
Y ¿A las mujeres?.
Amamos.
Pero ¿ante todo?
Bebamos, bebamos, bebamos.

¿Bebió nuestro padre Adán?
Bebió.
¿Bebió nuestra madre Eva?
Nada buena era.
¿El que bebe?
Se emborracha.
¿El que se emborracha?.
Duerme.
¿El que duerme?.
Sueña.
¿El que sueña?.
No peca.
¿El que no peca?.
Va al cielo.
Y puesto que al cielo vamos.
Bebamos, Bebamos, Bebamos.

¡Ah, líquido infernal!
Que te criaste entre verdes matas
y hasta al hombre más cabal
le haces andar a gatas…
¡Por ellas!
Por las más bellas…
Por las de culo ancho.
Por las de cuello estrecho.
Por las que ofrecen sus labios desinteresadamente.
Aunque estén llenas de telarañas.
¿Por las mujeres?
No.
Por las botellas.

¿Vino Dios al mundo?
Vino.
Y ¿para quien vino?.
Para todos, vino!
Y ¿Cómo vino?
En bota.
Y la mujer.
En viva pelota.
Cuando Dios llamó a Gabino… No dijo “Gabino ven”
Sino venga vino.

Si Dios, que en su regazo celestial nos quiere
borrachos nos mantiene…
Será porque nos conviene.
Antes que no nos conocíamos…
¡Bebíamos!
Y ahora que nos conocemos…
¡Bebemos!
Pues bebamos, bebamos, bebamos…
hasta que no nos conozcamos.