La verdad es que ya llevaba un par de fines de semana queriendo ir a dar una vuelta por los alrededores ahora que todavía hace buen tiempo. Este domingo pasado fuimos a Skerries, que es un pueblito pesquero a unos 30 km al norte de Dublín.

Tuvimos un clima totalmente inestable; primero nos hizo sol cuando fuimos a comprar el desayuno en chanclas y camiseta, y junsto cuando entramos en el SuperQuinn se puso a llover perros y gatos durante unos minutos y luego volvió a brillar el sol.

Salimos después de almorzar en el coche de David y Elena y, como parecía que hacía bueno, decidimos ir por carreteras secundarias para disfrutar del paisaje de la verde Irlanda.

Las pocas veces que he tenido que hacer trayectos interurbanos he notado que las indicaciones en Irlanda están bastante bien. Es verdad que no tienes una señal cada dos pasos, como en España, acerca de la velocidad, trazado y demás tonterías que la mayor parte de los conductores suelen terminar incumpliendo.

En Irlanda suele valer un SLOW pintado en la calzada para indicar que la curva o el trayecto tiene alguna dificultad y listo. Esta falta de señales hace que el resto de las indicaciones sean o parezcan muy claras.

Al final llegamos a Skerries en un momento y nos dimos una vuelta por el puerto y por el mercado. Nos llamó la atención que no vendieran pesado así que continuamos paseando esperando encontrar una pescadería pronto. Rodeamos el puerto y salimos a la playa, nos sacamos unas fotos y entramos al pueblo, pero no encontramos ni una sola tienda de pescado, eso sí: compramos unas setas, que en Dublín nunca encontramos.

Después de haber visto todo un poco por encima nos volvimos al coche y de vuelta paramos a comprar unas cigalas en Howth, que ya tenía ganas de la otra semana de prepararlas a la plancha para celebrar así un fin de semana estupendo.

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