Por fin he llegado a León!

Bueno, realmente llegar, lo que se dice llegar… ya llevo un rato aquí, tirado en el mismo salón que tantas veces me vio trasnochar, fumando y tomando café.

Lo del tabaco ha quedado atrás pero para celebrar que una parte de mí ha vuelto a casa, me he preparado un café… a pesar de que he dicho que lo iba a dejar. Ainsss, qué duro es vivir sin cafeina :(

Ayer me desperté y como iba a pasar unos días fuera de casa decidí llegar tarde a trabajar y quedarme un rato más al lado de la chica que más quiero del mundo.

Hice trampas, no obstante, y me conecté remotamente al trabajo para que mi supervisor no me incordiase con embarazosas preguntas de porqué había entrado a las 9 en lugar de a las 7…

De todas formas podía no haber siquiera aparecido, ya que me debían horas de ajuste, pero preferí acompañar a mi novia en el autobús y apearme en Symantec para desayunar y dejar todo atado antes de irme de vacaciones… mini-vacaciones.

Mientras iba caminando cogido de la mano y mochila a cuestas, para subirme al autobús, me sentí como cuando iba al colegio y me acordé del episodio de CálicoElectrónico de niño yendo a clase,  cantando la canción de Dartacán.

Tener 30 años no significa renunciar a esas pequeñas cosas que te hacen sentir, como cuando eras un niño, el protagonista de una historia que sólo tú puedes ver; antes salvaba el mundo y ahora escribo un blog.

Por suerte, los besos en mi historia, ya no me los tengo que imaginar…