Una de las cosas que no soporto es a la gente descuidada.

Van por ahí caminando y les importa un bledo si hay alguien a su alrededor o no, para ellos el resto del mundo o no existe o no importa y ya pueden estar en la mitad de un pasillo que hasta que no les empujas no se percatan de que están entorpeciendo el paso…

Son los típicos que te dejan la casa llena de ceniza porque no son capaces de fumar en el cenicero; eso cuando lo usan, porque se valen de platos o recipientes similares con tal de no limpiar lo que ya han usado… porque el vicio es el vicio y cómo voy a perder yo unos segundos maravillosos de fumar para limpiar o buscar el cenicero si puedo tirar la ceniza aquí y que la recoja otra persona

Los que no fuman no son mucho mejores: son lo mismo pero sin olor a tabaco. Gustan de comer pipas y tirarlas por doquier o lo que es peor, dedicarse a joder a los fumadores llenándo el cenicero de pipas. Oh, fumar es una costumbre horrible… pero yo gusto de usar comida para pájaros con mis manos, babándome si hace falta y haciendo ruido y ensuciándolo todo a mi paso.

¿Has besado alguna vez a alguien que come pipas? La gente suele poner el grito en el cielo porque besar a un fumador es como lamer un cenicero pero os puedo asegurar que besar a una persona que come pipas no es ninguna maravilla. Es como lamer un salero… eso si no te llevas alguna cáscara que se le haya quedado entre los dientes!

Y por último están los que no son capaces de limpiarse las manos después de mear, levantar la taza del water o apuntar debidamente… tirar de la cadena se convierte en un reto para ellos y si te encuentras con una sorpresa… qué emociones te ponen en la vida ¿verdad? lo cierto es que no podríamos parar de contar anécdotas de gente descuidada y del uso que hacen del baño.

Ayer me acordé de esta gente y de toda su puta familia porque uno dejó un chicle en una silla… o tal vez fuera en una mesa, aunque yo dudo bastante esto ya que tengo mucha manía de sentarme en las mesas y mi madre siempre me riñe porque puedo mancharme así que tengo la buena costumbre de mirar dónde me apollo. ¿Está sucia la mesa? ¿Hay algo que pueda tirar? ¿algún cerdo se ha dejado un chicle?

Así que descartando la opción de la mesa sólo me cabe pensar, ya que el chicle se me quedó pegado en el culo, que algún cretino descuidado hijo de la gran puta posó un chicle en una silla, vete a saber tú por qué, y luego yo me senté encima.

Espero que si esa persona tiene hijos, se les muera el perro.

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