Ya os comenté hace unos días que me habían regalado un iPod para mi cumpleaños y después de una semana llega el momento de hacer un balance de lo bueno y de lo malo.

El diseño del aparato está muy cuidado: desde la pantalla táctil de cristal, hasta le peso y las ajustadas dimensiones… qué os voy a contar que no hayáis leído ya vosotros, todo lo que yo pueda decir sobra.

Como único fallo de diseño quizás hacer notar lo sensible que es el metal que recubre su parte trasera que se ralla con cualquier cosa, pero que tampoco importa demasiado. Lo que sí he echado en falta es algún tipo de altavoz para poder reproducir sin necesidad de utilizar cascos, el iPod tiene un altavoz que da pequeños pitidos pero que no vale para nada más.

En cuanto al resto, hay varias cosas que me han defraudado bastante en lo que se refiere a reproductor de música, ya que sus opciones están muy limitadas. Aquí notamos que Apple está en la mira de todas las discográficas y en todo momento puedes sentir que “te dejamos copiar y reproducir música pero sólo si lo haces como nosotros te decimos“.

Cosas tan sencillas como mover ficheros a la memoria interna o copiar música en uno u otro sencillo tienen que ajustarse a las reglas de Apple y, a diferencia de otros reproductores, el iPod Touch sólo funciona a través de iTunes. Según enciendes por primera vez tu iPod ya tienes un mensaje en pantalla de un cable… ¿qué cojones quiere decir un puto cable en mi pantalla? pues que no seas tan listo, que hay que instalar primero el software de Apple y luego ya te dejaremos jugar.

En fin, que me parece a mí que la película que Apple tiene montada los iPod sólo les beneficia a ellos, no sé si algún día esos aparatos fuero realmente útiles para el usuario (supongo que las primeras generaciones fueron todo un puntazo) pero hoy en día hay reproductores mucho más útiles en el mercado. Eso sí, no son tan bonitos …

Mañana os hablaré de la aventura que es hackearlo.