Hacía tiempo que no me sentía tan bien como este domingo cuando unos amigos nos invitaron a comer un cocido en su casa.

Como, tanto ellos como nosotros vivimos en el centro no hizo falta coger el coche y aprovechamos que no hacía malo para ir dando una vuelta y aunque Dublín no es precisamente una ciudad bonita (al menos al norte del río) me gustó mucho la sensación.

Comimos y charlamos de esto y de lo otro… y después hasta me bajé a tomar una pinta de cerveza mientras veíamos el partido de fútbol, creo que era el Madrid-Valencia (o al revés) que no me gusta mucho el fútbol y no tengo ni idea.

La verdad es que me lo pasé muy bien, me sentí conectado y no tanto un emigrante, un pobre hombre sin patria ni bandera. Es verdad que este no es mi país, pero cada día puedo hacer que sea más mi casa.

Al final, temazo de Barricada para recordar viejos tiempos…

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