Está claro que me adoran: la gente de este país me quiere y está tan contenta con mi presencia en su isla que, no contentos con haberme invitado ya a las elecciones generales, ahora quieren que me pronuncie sobre el tratado de Lisboa en el referendum que se celebrará dentro de un par de días.

Está claro que el tiempo no lo pueden cambiar y aunque ya han conseguido que hasta las gordas lleven minifalda y zapatos de tacón, todavía se sienten culpables porque una vez perdieron mi coche… vete tú a saber.

El caso es que, después de varios meses sin recibir cartas de mi banco porque aún no me ha salido de los cojones ir a cambiar la dirección, hoy me pasé por mi antigua casa para ver si los nuevos inquilinos podían darme mi correo atrasado y cuál sería mi sorpresa cuando me encuentro con esto…

Igual que hice antaño, este jueves me personaré de nuevo en el colegio electoral, con mi pasaporte español (la otra vez ni me lo pidieron) para acreditar quien soy y ejercer mi renovado derecho a participar de las decisiones de este país.

Y es que luego dicen que lo de España es un cachondeo…