En principio, la idea era poder ver todos juntos el partido de la final de la Eurocopa… pero parece ser que a los futboleros, en mayor o menor medida, eso de ver el fútbol es algo que hay que hacerlo en un bar rodeado de gente, a poder ser, apoyando a tu equipo a gritos.

Un amigo quería ir al bar que hay en Parnell Street, que siempre está hasta las orejas y que el día del partido, no había que ser un experto en deportes para predecir que, estaría aún más lleno… mientras que la otra persona con la que habíamos quedado prefería también verlo en el bar de al lado de su casa mientras su mujer acostaba a su hija después del baño.

Al final quedamos en un bar de Smithfield donde estábamos más o menos solos, la verdad es que el ambiente era penoso, y eso que a mí el fútbol no me gusta. Yo había llevado una bandera de España atada a la cintura e Inés se había puesto una camiseta roja y amarilla; a falta de otra cosa mejor quedaba bastante claro con qué selección íbamos.

El partido no me pareció tan aburrido como esperaba, pero sí mucho menos emocionante de lo que pensaba. No pasé nada de miedo viendo a Alemania acercarse a puerta: sin ser un experto, me pareció que la defensa la teníamos muy bien controlada; no como el ataque, que era penoso ver cómo cada vez que tenían oportunidad de tirar hacían una pequeña pausa para que todo el equipo rival se colocara y nos jodiera el gol.

Bueno, apuntes de alguien que no entiende de fútbol, no más… el partido terminó y España ganó 1 a cero… todos salimos a la calle y los españoles celebramos nuestra victoria saltando y gritando y, ante la atónita mirada de la policía Irlandesa, toreando a los coches aquí y a allá en el centro de Dublín.

Sólo eché de menos la canción de Los Nikis….

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