La supervivencia de un hombre aislado -y no me refiero por ello que tenga que estar sólo- es uno de los temas recurrentes en el género de aventuras de todos los tiempos.

El planteamiento básico lo tenemos en Robinson Crusoe, que nos cuenta la historia de un náufrago, hasta otros menos obvios como pueden ser La Máquina del tiempo o Soy leyenda, de carácter más fantástico pero en los que la idea sigue siendo la misma, sólo que planteada en diferentes escenarios. En todos ellos el personaje se ha visto separado de la civilización, tal y como la conocía, para verse inmerso en un mundo que no comprende.

Todo esto viene al cuento de que fulanito considera que muchos de nuestros conocimientos (por no decir todos) no nos valdrían de nada si estuvieramos en la edad media… lo cual no me parece del todo correcto ya que, no hace falta trasladarse a la edad media para afirmar que los mucha gente moriría simplemente porque ninguno de los conocimientos que posee puede suplir la capacidad de adaptación necesaria para desenvolverse en un medio hostil.

Todos el mundo posee -o debería poseer- conocimentos más o menos útiles que, aunque a primera vista no parezcan de gran valor pueden ser muy útiles aplicados en el momento adecuado… tan sólo hay saber mantenerse vivo.

En la última adaptación cinematográfica de Stephen King se nos cuenta cómo un grupo de personas se encuentran encerradas en un supermercado de un peligro que no conocen, y cómo las relaciones entre ellos terminan siendo tan peligrosas como la amenaza de la que se refugian. La historia es una puesta en escena de los diversos problemas a los que se enfrenta un grupo ante una situación de peligro, con una terrible crítica a la religión y moraleja incluidas.

En esta, como en muchas otras historias, tus conocimientos no te valen de tanto como sí la manera de ponerlos en práctica. Independientemente de qué estemos hablando podemos afirmar que ante todo problema hay una serie de pasos que nos llevan a una posible solución, mientras que otros a un fracaso seguro.

Y lo que es más importante aún: si piensas que estás perdido, ya estás perdido.