Después de la euforia inicial del iPhone, donde casi todos aclamaban sus múltiples virtudes, cada día más sitios empiezan a advertir sobre el sucio modelo de negocio que Apple quiere hacer que veamos como algo natural.

Y es que el iPhone no es un iPod, aquí no vale decir que están ofreciendo una plataforma cerrada para garantizar una mejor experiencia al usuario. Lo que tan bien ha funcionado en sus reproductores está a punto de volverse contra ellos en un terreno muy diferente.

Todo esto me vino a la cabeza ayer cuando hablaba con unos amigo acerca del A-GPS, cuya definición en la wikipedia reza:

A typical A-GPS enabled cell phone will use an Internet connection to contact the assistance server […]  Some do not have the option of falling back to conventional GPS .

Y que, más o menos, alguien tradujo (libremente) como:

Algunos fabricantes gilipollas le chupan tanto la polla al operador que han decidido joder al cliente todo lo que puedan y que no pueda funcionar en modo GPS normal.

Una de las grandes pegas del iPhone es la incapacidad para hacer nada sin pasar por el operador, desde triangular la posición hasta conectarse a la tienda de Apple, con el consecuente desembolso directo (pagando por transferencia) o indirecto (sometiendose a un plan de tarifa plana).

Todo esto no sería tan grave si uno pudiera crear una aplicación que, aunque sin llegar al nivel profesional de las que nos ofrecen los fabricantes, puediera aprovechar las diferentes opciones del dispositivo.

Pero cuando alguien desarrolla una aplicación que puede hacer uso de la conectividad inalámbrica, Apple responde retirando su aplicación del AppleStore alegando que duplica una función de iTunes.

Poco sentido tiene que ofrezcan una plataforma para que desarrolladores creen nuevas aplicaciones si luego se dedican a eliminar cualquier contenido que consideran competencia con sus productos. Uno se pregunta ¿qué tipo de mercado quieren instaurar?

Apple nos está dejando claras dos cosas:

  1. Ellos tienen la exclusividad sobre cómo la música entra y sale del teléfono.
  2. Sólo sus amigos (las operadoras) tienen la exclusividad de cómo conectas el teléfono.

Esto, tarde o temprano, se volverá contra ellos ya que, como bien apuntan en Error500, el “control absoluto por parte del fabricante de qué se puede desarrollar, quién puede distribuir aplicaciones y qué puede hacer el usuario con el terminal […] establece limitaciones artificiales, crea inseguridad en el desarrollador“.

Yo sigo pensando que el teléfono de Apple no supone ningún avance en el mundo de los smartphones, si no todo lo contrario: debería servir de aviso del peligroso control al que algunas compañías quieren someternos con plataformas, tarifas y modelos de negocio del que sólo se benefician ellas.

En Español: Bitelia y Error500
En Inglés: Scripting News y Daring Fireball