Hoy leía por la mañana que habían tiroteado a un constructor que llevaba una de las empresas responsables de la construcción de la “Y” ferroviaria vasca, una obra amenazada por ETA. Al final ha muerto en el hospital, donde trataban de reanimarlo tras haber sido alcanzado en la cabeza por uno de los disparos.

Es triste tener que leer noticias como esta y más triste cuando pasan en tu país de origen. ¿Cómo podemos explicar que en España, a día de hoy, haya una banda terrorista que extorsiona y asesina a miembros de las fuerzas de la ley y el orden, políticos y empresarios con la excusa de la independencia?

El problema Vasco, a día de hoy, tiene muy difícil solución… por no decir que ya no hay quien lo arregle. Han amenazado, extorsionado y asesinado a cientos de personas desde su creación, durante la dictadura, hasta la actualidad, ya en la democracia.

Parece ser que a ETA, entre las múltiples cosas que odia de España, podemos añadir que no le gustan los trenes, ni cuando son para el bien de Euskadi, aportando sólo más odio y miedo a la situación que ya nadie sabe cómo arreglar.

A la larga lista de atentados cometidos hay que sumarle hoy el de otra persona más, alguien que trabajaba en la creación de una red ferroviaria que unirá las tres provincias vascas mediante una linea de alta velocidad, algo que ya querrían otras comunidades autónomas.

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Es difícil marcar un antes y un después de la banda terrorista, cuándo tuvieron ideales realmente y cuando se vendieron al negocio del miedo y de la sangre.

Entre sus atentados tenemos víctimas tan dispares como Miguel Ángel Blanco, asesinato que toda España condenó, frente al de Luís Carrero Blanco, atentado del que mucha gente piensa que sirvió para evitar un mal mayor (la continuación del franquismo) aunque si nos paramos a pensar que la pena de muerte no debería existir como castigo para nadie, no veo por qué nadie debería condenar un atentado y alegrarse del otro, por mucho que nos pese.

Repasar los atentados de ETA para hacerse una idea de cuánta gente han matado es como entrar en la casa de los horrores. No puedo encontrar una justificación para terminar con la vida de nadie, pero tener que poner cara a los nombres de jóvenes guardias civiles y policías, recién salidos de la academia, que terminaron en el País Vasco porque no tenían “puntos” para trabajar en su provincia… me deja frío y no quisiera tener que ver las fotografías.

Espero llegar a ver el día en que se termina con esta lacra, que no hace ningún bien a nadie, y que tan sólo traen dolor y muerte allá por donde pasa.

Mientras piden la libertad para un pueblo al que ellos mismos se la han robado, el resto de los españoles tenemos que seguir viviendo con la vergüenza de que nos acusen de opresión, al tiempo que boicotean las obras de las que ellos mismos van a beneficiarse.

Mi más sincero pésame para la familia y amigos de Ignacio Uría, otro muerto más en una lista que ya se está haciendo demasiado larga.