Al final nos animamos, Inés y yo junto unos amigos, a acercarnos al hotel Temple Bar a probar suerte con la famosa cata de jamón ibérico en Dublín de la que tanto se había hablado, para bien y para mal.

Como curiosidad, al margen de lo que nos concierne, el hotel Temple Bar no está en Temple bar, si no en Fleet street, que para el que esté un poco perdido está justamente en dirección opuesta al conocido pub que da nombre al lugar, andando en dirección hacia el Hard Rock café casi donde se coge el Nightlink.

Y ahora, a lo que vamos… llegamos con unos 10 minutos de retraso, como buenos españoles, con la seguridad del que acude a una cita en la que previamente ha reservado mesa y tras pagar nuestra entrada, la primera decepción nos la llevamos cuando, según entramos, encontramos que alguien se había sentado en nuestro lugar.

Y es que, más allá de controlar la entrada, a nadie se le había ocurrido que la gente fuera a sentarse donde le saliera de los cojones sin respetar el nombre de las mesas, que previamente habían sido reservadas.

Los organizadores nos instaron a buscar otro sitio, fomentando así la bronca con los siguientes en descubrir que alguien se había sentado en sus sitios… y los primeros que muy chavacanamente nos ofrecieron apretarse un poco para que cupiéramos 14 en una mesa de 10. En fin…

Al final todo se arregló y más o menos nos encajamos como pudimos, porque claramente estábamos superando el aforo máximo del salón, aunque seguro que apilados hubiéramos cabían otros 100. Ni los platos ni los vasos eran de plástico en esta ocasión (lo cual fue de agradecer) y en las mesas había varios platos de jamón, queso y embutido ya partidos esperándonos; pan y vino para acompañar.

De los 25€ que pagamos por cabeza la cosa no estuvo mal del todo, terminado el plato de jamón de la mesa uno tenía que levantarse y hacer una cola para que le sirvan de nuevo… al final nos pasamos casi tanto tiempo de pie esperando nuestro turno (porque sólo había dos cortadores) que sentados comiendo.

Igual es la edad, que me vuelve más exigente que cuando tenía 20 años y se atiborraba uno a calimocho, pero el vino sin etiqueta me pareció peleón y el jamón era del malo… aunque muy bien cortado, eso sí, aprovechado hasta rascar el hueso.

Así a ojo contamos unas 96 personas para las que se partieron 3 piezas de jamón que no costarían más de 60€ cada una, y de las botellas de vino puedo apostar que lo que más costó fueron los portes a Irlanda. Se partieron dos quesos enteros y del embutido sólo voy a decir que, siendo de León, igual tenía puesto el listón muy alto.

En fin, que si me dicen que pague 20€ me hubiera parecido un chollo y les hubiera pasado lo del vino (y que tuve que ir al baño a llenar yo mismo la jarra de agua) pero 25€ ya empieza a tocarme la moral…

Digo yo que aquí deberían hacer como con lo del carnet joven, pero al revés… si tienes 21 años te cobramos el doble y a partir de ahí te hacemos un descuento por el cachondeo que te va a tocar aguantar.

Como punto positivo cabe decir que si uno no es previsor y no se trae él mismo el jamón de España es la única oportunidad de comer algo decente en Dublín… los organizadores no son malos chicos y esperemos que para la próxima vez se apunten estos fallos (que ya comentamos antes de irnos) y para la próxima la cosa salga mejor.