Yo soy de esas personas que creen que debe de haber un equilibrio entre el despilfarro y el ahorro, pero que te digan que sustituyas tu dieta por una ensalada a la hora de comer me parece ir demasiado lejos.

Está claro que no se está haciendo mucho por el desarrollo sostenible de la sociedad en la que vivimos, pero cuando leo propuestas como la de The Good Magazine me doy cuenta por qué unos dominan el mundo y otros se dedican a hacer dibujos para la prensa digital.

Mientras el mundo está dirigido por caraduras e hijos de puta que pretenden hacerse ricos a nuestra costa, me entran ganas de cortarme las venas cuando veo que nuestra única alternativa es un esquema que, si bien está echo con mucho más esmero que lo que podría llegar a dibujar mi sobrina, la persona que lo hizo tiene más o menos la misma idea de cómo funciona el mundo.

Si bien el usar duchas que utilicen mejor el agua o instalar bombas de vaciado variable para el retrete son medidas que todos deberíamos tomar, hay cosas que no son tan sencillas, como cambiar mi almuerzo por una ensalada o una central nuclear por energía solar.

Si bien a la hora de mandar al espacio una sonda sale mucho mejor equiparla con ligeros y grandes paneles solares que no pensan casi nada y proporcionan energía ilimitada y nos ahorramos cargar por el combustible, a la hora de construir sobre la tierra firme, donde el factor importante es la superficie disponible y la potencia entregada, debemos rendirnos ante el poder de la fisión atómica.

En cuanto a comer ensalada en lugar de carne de vacuno, quizás sea hora de implementar nuevas medidas para el ahorro de agua en las explotaciones y dejar de tocarme los cojones a mí, que por ese camino sí que vamos mal.

Estoy dispuesto a cambiar las bombillas de casa, instalar filtros que reutilicen el agua o estudiar cómo minimizar las pérdidas energéticas… pero como me vuelvan a decir que tengo que dejar de comer carne vamos a tener más que palabras.

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