Hoy le he preguntado al carnicero cómo preparan los callos en Irlanda, a lo que me ha respondido que él no tiene ni idea de cómo se come eso, a lo que ha añadido “nunca he estado tan hambriento como para querer comerlo“.

Así no me extraña que se muriesen de hambre al no tener patatas que comer… qué triste es esta gente.