Después de leer un interesante artículo en La pizarra de Yuri sobre cómo un hombre de unos 30 años puede morir crucificado en tan sólo 6 horasla crucifixión era, ante todo, un método de tortura que podía durar hasta una semana en la que el condenado moría de inanición– me he dado cuenta que nunca he leído ese pasaje (ni muchos otros) por mí mismo y que toda la información que tengo sobre esto es lo que otros me han contado… y ya va siendo hora de leer para poder opinar.

Pero volviendo al artículo de Yuri, me llamó la atención que no mencionase de una manera clara aquel lanzazo que recibió Jesús y del que tanto hincapié me hicieron a mí los curas durante mi niñez… y entonces recordé aquella vez que, después de ver un video sobre la falta de coherencia sobre la muerte de Jesús, comprobé que los Evangelios no guardan una relación exacta (ni mucho menos) los unos con los otros.

Los Evangelios no fueron escritos al mismo tiempo, ni siquiera fueron escritos durante la vida de quienes se supone conocieron a Jesús o vivieron con él. Son más un registro posterior, y si bien los expertos no se ponen de acuerdo sobre cual fue primero o si alguno sirvió de inspiración a los otros, puede ser que el de Mateo fuera el más temprano, seguido por los de Marcos y Lucas, y finalmente el de Juan, y aunque los manuscritos más antiguos que conservamos de estos datan del siglo II y III se supone que datan de finales del siglo I.

El caso es que, en la crucifixión, parece que los evangelistas están un poco más de acuerdo que con la resurrección -donde lo único que está claro es que Jesús no estaba en la tumba- pero de nuevo hay alguna diferencia entre unos y otros, ya que sólo Juan menciona que los soldados atravesaran el costado de Jesús.

Si bien es comúnmente aceptado que la crucifixión tuviera lugar a la hora nona, yo no he encontrado ninguna referencia temporal en los Evangelios salvo que al rededor de medio día el cielo se oscureció hasta las tres (Mateo 27:45, Marcos 15:33, Lucas 23:44) momento en el que Jesús “entrega su alma” y un terremoto sacude la ciudad.

Por el contrario, Juan no registra ningún hecho sobrenatural como la oscuridad ni el terremoto, Jesús expira después de beber agua con vinagre y la única fecha que se ofrece es la del día de preparación de la Pascua (judía) cuando “Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados” (Juan 19:31) lo que solía terminar con la vida por embolismo graso y hemorragia.

Este hecho que no aparece en los otros evangelios, el que no hubiera cruces durante el sábado por petición de los sacerdotes según el San Juan, si bien no aclara la causa de la muerte (ya que no llegaron a partirle las piernas) puede explicar el por qué Jesús permaneció tan poco tiempo crucificado.

Queda por determinar la forma de la cruz, de la que tampoco se da mayor información. Unos sostienen que estaba formada por dos palos (la forma cristiana tradicional), mientras que otros sostienen que la falta de madera en la región llevaba a los romanos a crucificar atando al reo en un único palo, lo que causaba una muerte más rápida por asfixia y que permitía añadir un pedestal que permitía sufrir durante más tiempo si era necesario, lo cual aunque no respeta forma tradicional, puede encajar con los relatos cristianos.