La policía anti-disturbios continua sembrando el pánico en las calles de Madrid, esta vez tras las manifestaciones contra la visita del Papa a España con motivo de las JMJ. Mientras alguna gente que se pregunta cómo hemos podido llegado a esto, yo siento profunda tristeza porque me temo que quizás siempre hemos estado igual…

El video -para los que se quieran ahorrar el mal trago de verlo- muestra a un grupo de policías caminando por una calle cualquiera que, tras rodear a una pareja que momentos antes les había llamado “violentos cabrones”, golpean y corren a porrazos a la muchacha y su pareja mientras tratan de huir y, finalmente, a un fotógrafo que presenciaba la escena.

Podría tratar de transcribir los hechos con más detalle, pero el fondo de la cuestión es esa: las Fuerzas de la Ley, abusando de su autoridad, son los verdaderos causantes de asco y miedo tras las manifestaciones en Madrid.

Hay quienes tratan de justificar este tipo de acciones alegando que los cuerpos anti-disturbios están sometidos a grandes presiones y que, muchas veces, es difícil determinar quién representa un peligro y quién no… Esto es, para mí, como el que justifica que puede pegar a una mujer porque asegura que se lo merece. En el vídeo se ve claramente que no hay disturbio alguno: sólo un grupo de personas disfrazadas de fuerzas de la ley buscando pelea.

Otros, dicen que le está bien empleado por insultarles… de nuevo haciendo gala de que para muchos, aún hoy en día, la violencia es la única respuesta válida. Yo creo que hace tiempo que dejamos la justicia en manos de las leyes y las armas en manos de otros para que nos defiendan. Este policía, si de verdad se siente ofendido, bien podría haber pedido el DNI y tramitar una denuncia por insultos, vejaciones, desacato… en fin, ya me entendéis.

Daniel Nuevo, el fotógrafo que fue testigo de los hechos, se había identificado previamente como prensa y le habían dado instrucciones que se mantuviera detrás del cordón. Al ser testigo de la agresión se apresuró a fotografiar los hechos, pero el flash de la cámara atrajo la atención de los agresores (voy a abstenerme de llamarles policías por respeto al resto del Cuerpo) y le tumbaron a base de golpes.

Su historia, que podéis leer en este artículo de su blog, deja constancia de lo indefenso que se siente uno cuando los encargados de velar por tu seguridad se convierten en tus agresores… En cómo uno se siente inseguro y necesita huir… ¿pero a dónde?

No podemos escondernos en nuestras casas, con miendo a salir a la calle, con miedo de los que deberían encargarse de protegernos… tenemos que hacer saber que esos no son los disturbios que hay que disolver, esa no es la gente a la que hay que reducir.

Lamentablemente no se trata de un hecho aislado: Publico.es recoge un resumen de los altercados que han sido protagonizados por las supuestas fuerzas del orden, y mientras Interior y la Policía dicen no van a abrir investigaciones.

Alguien tiene que denunciar esto, alguien tiene que investigar por qué la policía no lleva números identificativos cláramente visibles. ¿Quiénes son estos sujetos? Aunque haya que ir comisaría por comisaría, hay que encontrarlos y ponerlos fuera de circulación porque claramente ya no distinguen al lobo del cordero. Han perdido el norte y se han convertido en violentos con un uniforme armas. ¿Hasta dónde habrían llegado si alguien les hubiera plantado cara?

Desde aquí quiero apoyar a los protagonistas de esta triste historia y animarles a que denuncien lo sucedido, que no se rindan y que lleguen hasta el final.

Puede que yo esté muy lejos como para acompañarles a esa comisaría, pero quiero que sepan que no están solos en esto. Hoy, más que nunca, tenemos que hacerles saber que no conseguirán callarnos con sus porras.