«Sólamente seré verdaderamente libre cuando el último hombre haya conquistado también su libertad»

Ernesto Che Guevara

De pequeño me repetían que mi libertad termina donde empieza la de los demás. Esto siempre me resultó muy difícil de entender, porque el que la libertad tenga límites es algo que, de por sí, va en contra del propio significado de la palabra.

Es por eso que siempre me ha parecido un pensamiento cobarde sostenido por impostores que se esconden tras ideales para no ser descubiertos. Para que su libertad empiece, la mía tiene que acabar; para que tú empieces a ser libre te dicen que yo tengo que dejar de serlo.

Consecuentemente, y con las reglas del juego a su favor, te explican que si tu libertad no tuviera límites la suya no tendría dónde comenzar. La libertad del otro se transforma entonces en libertad contra el otro.

Más allá de esta comprensión se encuentra el principio humanista de tratar a los demás como quieres que te traten a ti. Nadie es una isla ni estamos separados por fronteras los unos de los otros como si fuéramos países.

Jamás seremos libres solos; sólo seremos libres juntos.

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